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Cargada con una pesada y helada mochila repleta de temores, malas leyendas, accidentes mortales, entre ellos, el famoso guía Barrau, y maldiciones, la cumbre del Aneto tardó en conquistarse y ser reconocida como lo que era : la reina de los Pirineos, vestida con el largo velo blanco de su imponente glaciar.